martes, 20 de enero de 2009

Lágrimas y gustos


Justificar a ambos lados
Siempre que oigo adioses,
cariño, me acuerdo de ti.
Me derrumbo y lloro.
La próxima vez seré fiel, sí.

Fiebre por el amor perdido
me recuerda a ti, cariño.
Me arriesgué a lo loco
La próxima vez seré fiel,
seré fiel, seré fiel.

Pasos en la pista de baile
me recuerdan a ti, cariño.
Lágrimas en los ojos,
la próxima vez seré fiel, sí.
Susurros en el lavabo
"Ella llora con cada canción"
con cada canción
con cada canción.

Cuando estoy bailando
cariño, me acuerdo de ti,
realmente te fallé,
la próxima vez seré fiel.

Y la música no suena como lo hacía cuando la oía contigo.
Nada de lo que hago o siento se parece siquiera a como lo sentìa contigo.

Dolor profundo dentro,
"ella llora con cada canción".
Me derrumbo y lloro.
"Ella llora con cada canción",
cada canción, cada canción.

Pasos en la pista de baile
cariño, me recuerdan a ti.
Lágrimas en mis ojos
la próxima vez seré fiel.
Susurros en el baño.
“Ella llora con cada canción, cada canción, cada canción”

Teardrops es una de esas pequeñas canciones soul, sencillas y redondas, que son capaces de evocar toda una historia en sus rasgos esenciales, o en el sentimiento que la llena, y con los que se pueden identificar los protagonistas de mil historias concretas, reales y no necesariamente extraordinarias. Y esa es la parte esencial de su éxito.

En este caso, habla del bailar con lágrimas en los ojos, del refugio en la diversión para intentar, inútilmente, claro, olvidar la culpa y el dolor de la ruptura provocada por una torpeza propia convertida en error fatal. Seguro que te suena, vivida o contada, en primera persona o tercera.

Fue creada en 1988. por un grupo de soul con un carácter marcada y deliberadamente familiar, los Womack & Womack. El dúo se formó con los restos de otro grupo anterior de gospel(también familiar, formado por varios hermanos, los Womack brothers), cuando uno de ellos, Cecil, se casó con Lisa Cook, hija del mítico Sam Cook, que había sido una especie de protector de los Womack Brothers.

Cecil y Lisa (o sea, Womack & Womack) formaron un matrimonio sólido, estable y ejemplar, en lo personal y en lo musical (al menos en apariencia), que llegó a aparecer en alguna portada con sus hijos y todo. Y sin embargo, había surgido en medio de una maraña de líos familiares y amorosos: el marido, Cecil Womack, había estado casado con la cantante de soul Mary Wells y cuando se divorciaron, ella se casó con otro hermano Womack, Curtis, y otro hermanito, Bobby Womack, se casó con la viuda de Sam Cook (padre de su cuñada Lisa y su antiguo "protector") unos mesecitos después de que este último falleciera. Todo ello salpicado por niños surgidos en las distintas uniones, eso sí. En fin. El amor y la guerra tienen estas cosas.

Como las buenas canciones sencillas y redondas, esta ha conseguido perdurar más allá de los efímeros hit-parade de los entrañables 80 que la vieron nacer, y ha perdurado en versión original y en versiones originadas a lo largo de estos años, desde la del mismísimo Elton John, acompañado de K.d Lang para un disco de duetos en 1993, hasta la de la cantante australiana Kate Alexa, en 2008 (o sea, hace nada). Y las que nos quedarán , seguro.

Las versiones bailables han tenido desde siempre muchos detractores, sobre todo los que se aferran a la pureza de las canciones en su estilo original, o los que desconfían por sistema de la “calidad” de estas versiones con caja de ritmos, o incluso de su cualidad artística o “escuchabilidad” fuera de la pista de baile, con nocturnidad, alevosía y copa en mano para lucirse o para ligar.

Y a mí, sin embargo, suelen gustarme, y no solo para bailar (que de hecho, ahora apenas bailo). En general, me gustan las canciones de amor, incluso de amor triste, sobre una base movida, dinámica, que incluso podría sonar a alegre. Quizás porque el oxímoron, esa contradicción convertida en acompañamiento, refuerza, subraya y colorea el sentimiento que expresan haciéndolo a la vez más dulce y más intenso.

Pero claro, no me gustan ni todas las canciones para bailar, ni todas las versiones bailables de canciones de amor. Iba a decir que tienen que estar bien hechas, pero en realidad yo no sé distinguir si están bien hechas o si no: simplemente distingo si me gustan o no. Y el gusto y los gustos siguen resistiéndose a ser explicados por criterios lógicos, ni razonados, ni razonables, así que no soy yo quien lo vaya a intentar.

Así, no me gusta nada la versión que del “Teardrops” hace el grupo alemán No Angels (salido de uno de esos concursos de TV tipo OT, que una vez tuvieron el carácter de pandemia, aunque ahora parece que el mundo se está, por fin, recuperando). Y sin embargo, me encanta esta, de unos tal “Love Station” de los que yo no he vuelto a saber nada. De hecho, es mi preferida.



¿Por qué una no me gusta nada y la otra sí? Pues no tengo ni idea. Que repito que sobre gustos no hay nada escrito, y por algo será.

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