."..yo no soy de nadie
yo soy de todo el mundo
y todo el mundo me quiere bien
yo no soy de nadie
yo soy de todo el mundo
y todo el mundo es mío también..."
Desde siempre, y aún con excepciones que confirman la regla, los carnavales han sido el tiempo de la felicidad, concentrada, exclusiva, exacerbada e intensa.
Atención, señores, el mundo se para: cojan sus pelucas, preparen el cuerpo para el baile y sumérjanse en la muchedumbre borracha no solo de alcohol. Abran bien los ojos y el resto de sus sentidos para concentrarlos en disfrutar. Olviden penas y preocupaciones, a cambio pueden traerse (pero sólo si quieren) sus alegrías, triunfos y motivos de celebración, aunque en realidad no hacen falta. Ríanse de todo con todos, pero sobre todo, ríanse de y con ustedes mismos. No juzguen ni teman ser juzgados; créanme que tiene carta blanca en este estado de excepción que no es el de la guerra, sino el del amor en su sentido más amplio y bonito. Aprovechen cada instante y aspiren bien fuerte cada gramo de todo esto.
Porque el miércoles de ceniza, aunque parezca tan lejos, y tan poco importante, llegará.
Y es que como le pasa a la vida y al tiempo de la felicidad, lo que da al Carnaval su verdadero sentido es que se tiene que acabar.
miércoles, 18 de febrero de 2009
El tiempo de la felicidad
sábado, 14 de febrero de 2009
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