Ya no sé qué contarte
que no te haya contado ya
Ya no sé qué besarte
que no te haya besado ya
Si quieres bailamos
me pongo los zapatos y me llevas
si me llevas contigo
por ese mundo oscuro
y desconocido del compás.
Olvidarnos del tiempo perdido
despertar y ver que aún estás
Y con el tiempo todo cambia
precisamente cuando deja de cambiar.
Con el tiempo se nos olvidan aquellas letras
y no nos salen ya los nervios
ni las lágrimas
ni casi las palabras
ni el dibujo del momento
que todavía está por llegar.
Con el tiempo dejamos de fabricar y paladear recuerdos
y fechas oficiosas que anclar en el suelo
y celebrar.
Con el tiempo terminamos hablando siempre de lo mismo,
repetimos gestos de un rito aprendido,
cuando hasta los besos saben parecidos,
y despertar
y ver que aún estás
es -cómo es posible-
lo de siempre,
mientras la maravilla se vuelve gris, normal, corriente y diaria
y deja -claro- de maravillar.
Con el tiempo dejamos de esperarnos
y es difícil encontrar un rato para añorar.
No encontramos canciones que dedicarnos
ni desesperos que agarrar.
Con el tiempo no hay ni subidas
ni bajadas
perceptibles
y terminan, claro
adormecidas
las mariposas
aquellas
del corazón.
E intuimos que solo si te fueras
-pero toquemos madera-
despertaría la electricidad
y las ganas y la fuerza
y el demasiado tarde
con su desesperación
y su quizás
Pero no.
Con el tiempo solo nos queda aprender
a bailar
la música de lo sereno y lo cotidiano.
A contar, como si fuera nuevo,
aquello con lo que siempre contamos
y a recordar
que venía sin garantía
ni titulo de propiedad
y que su aliento se renueva cada rato,
por un rato y nada más.
Porque sin vértigo y sin alternativa
el amor -o lo que sea-se escurre por el sumidero
de todos los días.
Así que si quieres,
y si me quieres,
bailamos
me pongo los zapatos y me llevas
por ese mundo oscuro
y desconocido del compás...
...olvidarnos del tiempo perdido...
...despertar....
y ver que aún estás.