lunes, 30 de noviembre de 2009

Despertar, y ver que aún estás



Pereza: Si quieres bailamos


Ya no sé qué contarte
que no te haya contado ya
Ya no sé qué besarte
que no te haya besado ya


Si quieres bailamos
me pongo los zapatos y me llevas
si me llevas contigo
por ese mundo oscuro
y desconocido del compás.

Olvidarnos del tiempo perdido
despertar y ver que aún estás


Y con el tiempo todo cambia
precisamente cuando deja de cambiar.

Con el tiempo se nos olvidan aquellas letras
y no nos salen ya los nervios
ni las lágrimas
ni casi las palabras
ni el dibujo del  momento
que todavía está por llegar.
Con el tiempo dejamos de fabricar y paladear recuerdos
y fechas oficiosas que anclar en el suelo
y celebrar.

Con el tiempo terminamos hablando siempre de lo mismo,
repetimos gestos de un rito aprendido,
cuando hasta los besos saben parecidos,
y despertar
y ver que aún estás
es -cómo es posible-
lo de siempre,
mientras  la maravilla se vuelve gris, normal, corriente y diaria
y deja -claro- de maravillar.

Con el tiempo dejamos de esperarnos
y es difícil encontrar un rato para añorar.
No encontramos canciones que dedicarnos
ni desesperos que agarrar.

Con el tiempo no hay ni subidas
ni bajadas
perceptibles
y terminan, claro
adormecidas
las mariposas
aquellas
del corazón.

E intuimos que solo si te fueras
-pero toquemos madera-
despertaría la electricidad
y las ganas y la fuerza
y el demasiado tarde
con su desesperación
y su quizás

Pero no.

Con el tiempo solo nos queda aprender
a bailar
la música de lo sereno y lo cotidiano.
A contar, como si fuera nuevo,
 aquello con lo que siempre contamos
y a recordar
que venía sin garantía
ni titulo de propiedad
y que su aliento se renueva cada rato,
por un rato y nada más.

Porque sin vértigo y sin alternativa
el amor -o lo que sea-se escurre por el sumidero
de todos los días.

Así que si quieres,
y si me quieres,
bailamos
me pongo los zapatos y me llevas
por ese mundo oscuro
y desconocido del compás...
...olvidarnos del tiempo perdido...
...despertar....
y ver que aún estás.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Juegos




Los tigres conocen sus rayas
Los tigres conocen sus juegos
Pero todos nosotros estamos tan ocupados
Pensando que la gente nos mira
Que nos perdemos el brillo de sus ojos

Y los tigres también hacen un poco de teatro
Cuando se dan cuenta de que los están mirando
Pero a ti nadie te está mirando
Nadie te está juzgando

No hay nadie de la BBC esperando para joderte
Así que vamos baila un poco
Baila un poquito para mi
Es todo lo que tienes que hacer
Un pequeño, pequeño baile para mí

Existe una coreografía en los atascos
Una misteriosa poesía entre la gente que camina
Se escucha música en las calles
Y armonía en los coches

Es todo lo que tengo que hacer
Bailar un poco para mi
Así que vamos baila un poco
Baila un poquito para mi
Es todo lo que tienes que hacer
Un pequeño, pequeño baile para mi

Los tigres también se paran ante los semáforos
Los tigres conocen sus juegos
Pero todos nosotros estamos tan ocupados
ensando que la gente nos mira
que nos perdemos el brillo de sus ojos



Que toda la vida es juego
y los juegos, juegos son.

Hasta los tigres lo saben
y a nosotros
tan a menudo
se nos olvida.

Qué tontos.


¿Jugamos?

jueves, 26 de noviembre de 2009

Intentar


Try - Nelly Furtado



Todo lo que sé
es que todo es no como nos lo han vendido,
pero cuanto más crezco, menos sé
y he vivido tantas vidas
aunque no soy vieja
y cuanto más veo, menos crezco
Cuantas menos semillas, más siembro.


Entonces te veo ahí,
queriendo más de mí
y todo lo que puedo hacer es intentar.


Desearía no haber visto toda la realidad
y que toda la gente real,
no es en realidad auténtica en absoluto.


Cuanto más aprendo, más lloro
mientras digo adiós a la vida
que creía haber planeado para mí.


Entonces te veo ahí,
queriendo más de mí
y todo lo que puedo hacer es intentar.
Entonces te veo ahí
soy yA todo lo que puedo llegar a ser
pero todo lo que puedo hacer es intentar
intentar.


Todos los momentos que ya han pasado
Trataremos de volver y conservarlos.
Todas las cosas que el uno quiso que el otro fuera
nunca las seremos
y eso es maravilloso, y eso es la vida
y ese eres tú, cariño,
esta soy yo, cariño
y nosotros somos, nosotros somos, nosotros somos
libres
en nuestro amor.
Somos libres en nuestro amor.



Cuando una ya no cree,
el amor puede hacerte fingir creer
y de tanto fingir,
puedes terminar por creerte la mentira
o al menos intentarlo.

aunque tengas que poner sobre su mesa
que eres ya
todo lo que puedes llegar a ser.
Que no hay más.
Que esto es todo.
Que esta soy yo, y ya está,
y ese eres tú, y ya está,
y ya no hay nada más que esperar.

Y así, sin esperas vanas,
ni ilusiones fatuas,
ni agobios aplazados,
ni rifas para la decepción,
elegir aquí y ahora
y nada más,
elegir quedarse,
elegir respirar,
elegir aceptarse
y aceptarte
y elegir nada más
y elegir intentar.

Y entonces
y solo entonces
empezar a amar.
O al menos intentarlo.

Porque el amor que busca
o espera del otro
algo que todavía no es,
no es amor.
Es vanidad.


Y porque como decía Rosa Montero,
"El amor es una mentira, pero funciona"

Maravillosa voz la de Nelly Furtado.

martes, 24 de noviembre de 2009

Recuérdame


"Recuérdame...
soy la que tuvo tus hijos"

De todos aquellos para los que hubo un tiempo que fuiste tanto,
¿cuántos se acordarán
quizás
todavía,
aunque sea solo un rato de vez en cuando
de ti?

¿Y de cuántos tú te acuerdas sin pedirlo
aunque solo sea alguna vez?

¿Ha perdido tu memoria algún rastro
y el tuyo se ha perdido
tal vez
en alguna memoria?

¿Cuánto de lo vivido ha dejado algo
y cuánto se ha vuelto
irrecuperable
como si no hubiese sucedido
nunca jamás?

¿Cuántos de aquellos incendios
no fueron más que fuegos fatuos?
¿Cuántas de aquellas ilusiones
no fueron más que pura ilusión?
¿Cuánto no tuvo
finalmente
sentido
y no mereció ni pena?

¿Cuántos dolores de aquellos 
no encontraron recompensa,
ni página, ni marco,
ni aniversario,
ni mención?

¿Cuánto hemos ido perdiendo por el camino?
¿Cuánto de lo que fuimos ya no es?
¿De cuantos de nuestros errores no podemos ya ni arrepentirnos?

¿De quién te acuerdas que de ti no se acuerda?
¿A quién has olvidado y de ti no se olvidó?

¿Por dónde discurre ahora el trayecto
que parecía abrirse ante ti tan claro?

¿Cuántas lágrimas se evaporaron
sin dejar de su tristeza un rastro?
¿Cuantos amores se escurrieron
y el tiempo,
-solo el tiempo,
el tiempo solo-
sepultó
las huellas todas de su paso?

¿Cuántos?

¿Tantos?

jueves, 19 de noviembre de 2009

Noches



"¡Anda, níña, busca felices noches para felices días!"

W. Shakespeare: Romeo y Julieta

Siempre me han gustado las noches, y siempre he sido lo que algunos no sé si psicólogos o "cronobiólogos" de esos que estudian los ritmos vitales denominan "un búho"; es decir, una persona que en la noche está en su mejor momento.

Siempre he remoloneado para irme a la cama, y de niña, que me dejaran trasnochar, aunque fuera en casa viendo la tele, era de las cosas que más me gustaban. Si no era una de esas escasas ocasiones afortunadas, y me mandaban a la cama a pesar de las protestas, como durante años compartí habitación con mis hermanos, era siempre el momento de la reconciliación, las charlas en voz bajita y los juegos "de rol" susurrados a golpe de imaginación. Y solían terminar con el cabreo de mamá, claro.

Desde muy joven siempre me cundió más estudiar por la noche que en cualquier otro momento, y mis épocas de agobio escolar han sido épocas de trasnochar, apurando hasta los penúltimos cinco minutos más, y de despertar doloroso a la hora de siempre, que por desgracia no podía cambiar. Y para mí, leer no es lo mismo cuando no es por la noche.

Pero mi gran descubrimiento de la noche fue, claro está, al empezar a salir. He sido tremendamente nocturna. He apurado noches, y las he llegado a juntar una tras otra (y tras otra y tras otra, incluso), y muchos de los momentos más divertidos, locos, emotivos o trascendentales de mi juventud han tenido lugar o están ligados a la noche. De noche me he enamorado, claro, e incluso me he tenido que desenamorar. Conozco la noche, y sus cebos, y sus ventajas, y sus encantos, y sus peligros, y sus trampas, y sus engaños. Y su final.

Aún ahora, en que al fin era verdad "que la vida iba en serio" y  llega la edad vencedora, que yo creí que no iba a llegar nunca, intentando convencerme, tozuda y elocuente, de que la noche no es para mí (al menos no todas las noches, como antes), sigo paladeando esas noches de cenitas y copas, aunque cada vez me atraiga más que sean en casa, la verdad. Pero hay días felices que siguen estando ligados a noches felices.

Aunque esto de madrugar a la fuerza hace que los días felices requieran, de forma impepinable, una noche feliz de plácido y profundo sueño, lo más largo posible, que nunca es demasiado. Porque sigo remoloneando para irme a dormir. Y porque ya lo dice el dicho: que la cabra tira al monte, y el búho, a la noche, por mucho que se quiera domesticar.