martes, 21 de agosto de 2012

La libélula vaga de una vaga ilusión




Nunca he sabido paladear ilusiones a largo plazo. Las mariposas de mi estómago han revoloteado siempre ante la inmediatez y a veces por una simple intuición de algo indefinido y maravilloso que estaba a punto de pasar. 

Nunca he sido chica de ilusiones de bordes nítidos. Mis ilusiones han sido siempre casi abstractas y transparentes, agitando las alas tenues de las palabras que se enmarañan con el corazón, tan cursis que da pudor confesarlas, pero tan fuertes que da pereza negar. 

Mis ilusiones, como las de todos, fueron y vinieron, subieron y bajaron, serpenteraron y se escurrieron, se deslizaron y tropezaron,  aparecieron y desaparecieron prometiendo reaparecer quizás. Si me paro a mirarlas, no consigo recordar más que algunas de las más futiles, más pasajeras, más intensas. 

 Las de hoy, si haberlas haylas, no soy capaz de distinguirlas. No por pesimismo, sino por realidad. Porque tengo una realidad pequeña, llena de risas y mariposas, mucho mejor que cualquier ilusion. Y en estas tardes calurosas, pegajosas y lentas, la paladeamos escuchando, tatareando y pensando esta canción.

viernes, 10 de agosto de 2012

Esperanza



Todas las puertas abiertas en algún momento nos esperan en otro. Todas. Nunca se van del todo, y su aroma persiste en los poros de las cosas que hemos ido acumulando sin darnos cuenta de que se amontonaban sin sentido.

 Por eso volver la cabeza, cerrar los ojos y atreverse de nuevo a aspirar el olor agridulce de aquello que finalmente dejó de pasar , se convierte en una forma de perder la maldita perspectiva que hizo que dejáramos de ser lo que realmente somos, o tal vez no, o qué más da.

Porque hubo veranos como este, y hubo otros distintos desde las mísmas galerías, oteando nerviosa debajo del horizonte para ver si aparecía la esperanza vestida de amarillo, o de blanco, o de verde, o de comoquiera que se vista, y hoy ya no oteo en busca de esperanzas, porque tengo un niño entre los brazos, al que esperé conduciendo cada mañana antes de  la primavera mientras en la radio sonaba, dia no, día sí, día también, esta canción de Adele.