jueves, 25 de febrero de 2016

Quien lo probó, lo sabe


Quique González con Rebeca Jiménez: De haberlo sabido

Enamorarse es encontrar una tabla en medio del mar oscuro, la incertidumbre del oleaje. la oscuridad de lo inmenso. Enamorarse es aferrarse a una tabla cuando afuera todo arrecia, y las ventanas, por fin, ya sólo sirven para recordarnos que todo lo que necesitamos está aquí dentro. Que si todo está oscuro tú eres de pronto mi luz. Que cuando haga frío ya tengo a donde volver. Y la noche que antes era amenaza se convierte en refugio, y el silencio que antes era estorbo se convierte en lienzo para pensar. Porque cuando una se enamora pensar es bonito. Tan bonito...

Enamorarse es un milagro que, como todos los que son verdaderos y no palabras, no se puede traer ni provocar. Es una de esas maravillas que se producen vete tú a saber por qué razón, o sin razón, por qué inconveniente del azar, por qué causa absurda, por qué absurdo infinito.

Por eso cuando se acaba no se olvida: se renuncia. Y se vuelve al silencio que no sabíamos que era tan silencio, y a la noche que no sabíamos que era tan noche, y al mar oscuro que no sabíamos que guardaba tanta oscuridad. Solo tras enamorarse y perder se conoce de verdad la soledad y la pequeñez de uno mismo, hoja en caída libre cuyo destino sólo puede decidirlo el viento.

No se olvida: se renuncia.  también de manera absurda y sin razón, sin comprender, sin aceptar. Y de repente, pensar se vuelve feo. Y aquella tabla salvadora a la que uno estaba irremisiblemente aferrado, es entonces lo que te hunde. Porque hay un abismo que sólo empieza justo allí donde acaba el amor.

( Y Lope tenía razón)

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