Lenny Kravitz: "I'll be waiting"
Antonio era un tío grande con sonrisa de niño. Moreno de de ojos pequeños y brillantes, eterna barba de tres días, el pelo a lo marine, casi metro noventa de recia complexión. Una noche, que yo salí con el corazón roto por un mal amor, me sacó a bailar. Y bailamos toda la noche, entre la gente y más allá.
Pero el corazón de Antonio tenía un candado hecho de amor. Salía con una chica a la que quería pero no amaba, y eso era lo que podía ofrecerme a mí: otro quererme sin amor. Y eso fue lo que me dio
Porque Antonio amaba ya a una chica, desde hacía tiempo y para siempre. Una chica que lo había dejado. Una chia cuyo exonovio despechado había roto una nche un vaso en la ceja de Antonio, y de paso había roto también su ceja. Una chica que ya no quería a Antonio, y que estaba lejos. Pero Antonio estaba siempre con ella. Siempre.
Antonio era artista y dibujaba. Cuando íbamos a un bar siempre sacaba un cuaderno, o un papel, o, si no tenía, cogía una servilleta. Y dibujaba, mientras todos hablábamos, reíamos, bebíamos. Dibujaba. Gnomos, caballeros, guerreros, brujas, hadas, trols. Y en su casa, caótica y desordenada hasta lo increíble, llena de objetos inverosímiles y hasta infantiles, a la que yo subí algunas noches, vi sus dibujos. Vi a su chica con sus ojos, y los vi a ambos transfigurados en dama y caballero, en guerrero y amada que le curaba la herida de la ceja. Vi en sus dibujos su amor.
Antonio decía que la primera vez que estuvo con ella se sintió, por fin, completo, y desde entonces, incompleto se sintió. Cuando viajaba, le compraba siempre algo, e incluso alguna vez se lo envió. Ella decía sentirse acosada. Pero era sólo amor. Antonio decía sentirse como un samurai, que sabía cuál era el sentido -imposible-de su vida, y que tras ella quizás debiera haber muerto. Pero no.
Antonio decía que la primera vez que estuvo con ella se sintió, por fin, completo, y desde entonces, incompleto se sintió. Cuando viajaba, le compraba siempre algo, e incluso alguna vez se lo envió. Ella decía sentirse acosada. Pero era sólo amor. Antonio decía sentirse como un samurai, que sabía cuál era el sentido -imposible-de su vida, y que tras ella quizás debiera haber muerto. Pero no.
Yo le quise, y a veces él también me quería. Sin amor. Su amor estaba siempre y para siempre lejos, en otra parte.
Antonio es el hombre más fiel que he conocido
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